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Autor: Francisco García Pimentel

Pregunté a un hombre de éxito “¿Cómo construiste tu prestigio?” y esto fue lo que me contestó.

En una mañana de mayo, me reuní con un alto ejecutivo de una empresa internacional, cuya carrera en la vida pública y privada le han convertido en una persona de prestigio reconocido. Le llamaremos Pablo. Fue en un café de Santa Fe. Pedí lo mismo que él: unos huevos estrellados con un side de papa hash brown y jugo de naranja. Después de la conversación mínima y ya más en confianza, le pregunté directamente: ¿Cuál es el secreto de tu reputación?

Como hemos visto, la reputación es uno de los elementos centrales en la comunicación, porque es la materia prima de la confianza. En más de un sentido, la reputación es lo único que tienes, que viaja contigo, y que hará o deshará tu carrera y tu éxito. Talentos, valores y pasiones no trascienden si no logran comunicarse; y la forma en que se comunican es la reputación: la imagen sólida del carácter de una persona.

En tiempos recientes, la reputación “online” ha tomado el escenario central, y hemos hablado de ella en distintas ocasiones. Si bien las redes y los perfiles online aportan poderosamente a nuestra propia reputación, hay algo que decir por la reputación “offline”, a la antigua. Una reputación basada en el carácter, la palabra dada y las relaciones personales. Por eso decidí preguntar lo que pregunté.

Mi acompañante terminó su jugo antes de continuar, y después acercó su cuerpo hacia mí, para responder.

“Hay que trabajar bien, desde luego –dijo, reflexionando-, pero también hay que ir armando tu prestigio. Ese prestigio es lo más importante que tienes. Y hay que construirlo”. Aquí algunas ideas centrales sobre lo que aprendí aquel día.

 

El arte del mensaje

“Encuentro que los jóvenes actualmente han olvidado el arte del mensaje”, me dijo. “Aunque no puedes tener, realmente, miles de amigos, sí puedes mantener contacto con un sistema muy básico, muy humano. Y eso se logra enviando mensajes”.

Pablo me dijo que cada día dedicaba algunos minutos a enterarse de las noticias y a revisar su agenda. “Aunque no sucede a diario, no dejo pasar oportunidad de enviar mensajes a las personas que pueda hacerlo”. No solo felicitaciones de cumpleaños (que hoy Facebook ha devaluado tanto), sino nacimientos, logros, premios, condolencias, publicaciones. “Cuando se puede, lo hago de puño y letra, pero también mando muchos correos”. Y continúa, aún más a fondo: “Las personas con las que trabajé hace años, o con aquellas que me he ido cruzando, me mantienen en su mente porque yo me encargo de que me mantengan allí. A lo menos una vez al año, recibirán un mensaje mío”.

No se trata de explotar o aprovecharse de otras personas, sino de mantener abierta la memoria; no dejar que crezca el paso en el camino de la amistad. “Cuando es hora de buscar socios y colaboradores; ellos piensan en mí y yo en ellos. Ese es el sentido del networking. No el brindis, sino lo que sigue al brindis. Mantengo contacto con muchas personas, aunque no aparezcan en mi horizonte profesional inmediato. Eso se valora extraordinariamente”.

 

No vendas tu reputación

“Las cosas que hacemos corren como pólvora”. A veces pensamos que lo que hacemos o dejamos de hacer tiene un efecto de corto plazo, pero nuestra reputación permanece por mucho, muchísimo tiempo. “Entre colegas sabemos quiénes tienen reputación buena o mala; quiénes toman atajos y quiénes hacen cosas ilegales o, peor aún, inmorales”. En la era de la hiperconectividad virtual podemos olvidar con facilidad el poder del “boca a boca”. A cada cliente, cada negocio, cada trabajo, entrégale el 100%.

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Pero no dejó de señalarme un punto clave “¡Ojo! Haz las cosas bien porque es lo correcto, y no porque afecte tu imagen. La imagen se construirá sola. Pero no caigas en la trampa de decir bueno, solo esta vez. Esa sola vez te costará tu reputación”.

“Siempre hay otros negocios. No tengas miedo de perder un negocio o un trabajo, o un proyecto, si el lograrlo pone en entredicho tus principios. No hay millones que paguen el costo de tu conciencia. Si dejas ir algo por tus principios, es casi seguro que otra cosa mucho mejor llegará en su lugar. En cambio, si te vas por el camino fácil, salir de éste te será cada vez más y más difícil.”

 

Eleva a otros

“Quien avanza pisando a otros, pronto se encuentra en medio de un desierto”. A lo largo de tu carrera tendrás oportunidad de ayudar a muchas personas a encontrar su propio camino, y tienes una obligación moral hacia ellos.

Cada persona tiene su camino, y tú no lo conoces. El chico que saca copias puede ser el CEO en diez años; y tu colega hoy puede ser tu contrincante mañana. Si has tratado a estas personas, en todo momento, de forma digna y recta, tendrás una cuenta de banco robusta en relaciones que en un futuro (mucho menos lejano de lo que piensas) te ayudará a construir nuevos éxitos sin tensar tu reputación.

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Agradece mucho. Felicita mucho. Aplaude mucho. Pide muchos consejos y dalos, cuando te los pidan. En resumen “no tengas miedo de elevar a otras personas, de llevarlas más lejos o dejar que, incluso, puedan superarte”. La capacidad de alegrarte por el bien de otros, sin envidiarlos, te dará toneladas de felicidad… y mucha mejor reputación.

 

Aprende a conversar

A la hora de armar equipos de trabajo, el currículum y la experiencia, aunque parezca irónico, pasan a un segundo plano. En el fondo las personas quieren trabajar con aquellos que cumplen, fundamentalmente, tres características: que inspiren confianza, que se pueda trabajar bien con ellas y que le hagan sentirse bien a uno mismo. En otras palabras: el prestigio vale más que el currículum.

¿Otras personas se sienten bien cuando están contigo? Ese es el arte de la conversación. “Hay algo en la charla frente a frente que ninguna tecnología podrá sustituir”, así que busca estos espacios. La conversación cotidiana no tiene como objeto transmitir información ni, mucho menos, “ganar” para aparecer más inteligente, más culto o más guapo de lo que eres. El conversador hábil respeta la regla del 80/20: escucha mucho más de lo que habla. Los grandes conversadores hablan poco, preguntan mucho y escuchan siempre.  El fin de la conversación no es informar, sino generar una relación de conexión y confianza.

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Cuentan que tras la segunda guerra mundial, los líderes de los países vencedores acudieron a una cena de gala. Tras el evento, el presidente de Estados Unidos preguntó a su esposa “¿Qué te ha parecido De Gaulle?”. “Tras media hora de hablar con él, me pareció la persona más interesante del mundo”, contestó ella. “Vaya, muy bien” – dijo el presidente- “¿Y qué te pareció Churchill?”. La respuesta fue demoledora “Tras media hora de hablar con él –sentenció la mujer- me pareció que yo era la persona más interesante del mundo”.

La persona que hace sentir bien a los demás, atrae su presencia y aprovecha muchas más oportunidades de trabajo, de negocio o de desarrollo. Esto se llama carisma; pero no es solamente un talento natural, sino también un sistema y una habilidad que se puede –y debe aprender-.

Fue hasta el final de la entrevista que noté que Pablo no había visto su teléfono durante todo el desayuno. Lo guardó para dedicarme el 100% de su tiempo y atención. A veces, también, la tecnología estorba la comunicación. Si el iPhone cambia año con año, los seres humanos seguimos necesitando una conexión real.

¿Algo podemos aprender los emprendedores millennials y genZeros de los consejos de Pablo? Sin lugar a dudas. En efecto, nuestra propia reputación –online y offline- está en juego.

 


Este artículo apareció en la edición de Julio 2020 de la revista Entrepreneur Mexico.

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