Era una reunión de twitteros, no celebrábamos un evento en especial, más bien buscamos un pretexto para poder compartir y hablar de tecnología. Ahí estaba ella. Sentada en una esquina, llegó temprano, fue de las primeras en hacerse presente. Cuando la vi, pensé que le dolía algo o estaba molesta. Me acerqué a preguntar y su respuesta fue “estoy bien”. Por un momento me desconcertó ya que en la web es muy activa, propone temas a discutir, comparte excelentes links, saluda al conectarse y se despide con #TwitterOff. Esta vez era distinto, pequeñas gotas de sudor emanaban de su frente, no hablaba y lucía cabizbaja, a decir verdad parecía otra.

Descubrí que era muy tímida, le aterraba el contacto con las personas y encontraba en las Redes Sociales un alivio para esta afrenta. Luchaba consigo misma ya que su deseo era ser como los demás, poder sociabilizar no solo a través de un ordenador, un smartphone o una tablet sino en la vida real, poder ver a los ojos a alguien y ser así, tan amigable y abierta como lo mostraba su avatar y timeline. Me aparté por algunos minutos y al momento un tweet de ella: “compartiendo alegremente en la reunión twittera”.

Según el terapeuta Philip Zimbardo, existen dos clases de timidez, la pública y la privada, “el tímido público” incursiona en círculos sociales aunque no le es del todo fácil, se le dificulta pero aún así se adapta. Mientras que, “el tímido privado” sufre pues le es muy difícil interactuar con otros.

Las Redes Sociales, en cierta medida, han aligerado la carga para algunos sujetos tímidos. He sido testigo en varias ocasiones, cómo personas que tienen dificultades para sociabilizar, en estos espacios públicos, logran dar pasos importantes. Me refiero a que en Internet son otros, muestran a ese agradable ser que pareciera eclipsado detrás de la vergüenza social que padecen. El prejuicio del fallo queda a un lado, porque sienten que detrás de un avatar no están del todo expuestos.

De a poco han encontrado la cura, porque la timidez se trata con la exposición. Contar con una cuenta en Twitter o subir fotos a Facebook o una galería en Flickr, aunque para muchos pareciera algo trivial, para el tímido es un gran logro. Una persona extrovertida no puede dimensionar la satisfacción y gozo que causa esta práctica, porque le es cotidiana, está acostumbrada al contacto con la gente.

Un punto más para conocer a quienes integran nuestra comunidad virtual.

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