En la actualidad la mayoría de empresas tienden a establecer precios muy similares a los de su competencia.

Por mucho tiempo se creyó que una buena forma de competir en el mercado era a través del precio. Es decir, a menor precio, mayor oportunidad de lograr penetración en cierto nicho. Las cosas han cambiado, ya que para muchos clientes el precio dejó de ser un parámetro de diferenciación. Esto parte de la premisa de que en la actualidad la mayoría de empresas, en diferentes actividades comerciales, tienden a establecer precios muy similares a los de su competencia. Por lo que la manera de competir se ha volcado hacia el valor.

Esto significa, el agregado, lo que la empresa da a su cliente que no ofrece la competencia. Se puede traducir en un trato cercano y personalizado, en una asesoría detallada y un involucramiento a un nivel superior. Una tarjeta de felicitación en el aniversario de la empresa, asignar a un ejecutivo de cuenta, visitarle en las instalaciones de su organización en lugar de que llegue a nuestra oficina, son acciones que suman y hacen sentir bien a quien contrata tus servicios.

La diferencia para el cliente no radica en una cotización sino en cómo se logra cerrar el trato citado en la misma. Y más aún en el seguimiento del proyecto hasta llegar a la conclusión. Este artículo abre una serie denominada “competir por valor“, en donde tocaremos puntos cómo: de qué manera encontrar el valor de nuestros servicios, cómo mantener una cultura de valor y cómo personalizar el valor. Síguenos la pista y aprendamos juntos de este interesante tema.

Lee también:

Competir por valor, parte 2

Competir por valor, parte 3

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