De 3,000 seguidores a más de 250,000
A inicios de 2024, Charlie Hills, fundador de MarTech AI, tenía entre 2,000 y 3,000 seguidores en LinkedIn. Casi todos eran excompañeros de universidad o de trabajos anteriores. Un día decidió tomarse en serio su perfil y enfocarse en un solo tema: enseñar a usar la inteligencia artificial en la práctica. Durante nueve meses publicó todos los días, y se levantaba a las cinco de la mañana para diseñar en Canva sus siguientes publicaciones antes de ir a la oficina. Su post más exitoso, con 1.4 millones de impresiones, no fue un consejo técnico más. Fue una historia personal contada con honestidad. Hoy, según el medio español Consumidor Global, Hills supera los 256,000 seguidores.

Un mar de publicaciones que suenan igual
La inteligencia artificial hizo que cualquiera pueda escribir un texto, diseñar una imagen o armar una presentación en minutos. El problema es que, mientras más contenido se produce, más difícil es destacar. Y en LinkedIn eso se nota. La red profesional supera los 1,200 millones de usuarios y ya no sirve solo para buscar empleo. Para abogados, médicos, ingenieros o emprendedores, se volvió un espacio para construir reputación y atraer oportunidades. Un estudio de Originality.ai, empresa que vende detectores de texto hecho con IA, calculó que el 54 % de las publicaciones de 100 palabras o más probablemente fueron generadas con IA. Según la misma firma, esas publicaciones reciben en promedio un 45 % menos de interacción que las escritas por personas.
LinkedIn decidió poner freno
Ante este panorama, la plataforma tomó medidas. El 20 de mayo de 2026 anunció cambios en su algoritmo contra publicaciones, comentarios y herramientas de automatización de baja calidad. Ese contenido no se borra, pero deja de mostrarse más allá de la red cercana de quien lo publica. Luego, el 30 de julio, sumó un botón para reportar publicaciones que parezcan “basura de IA”. También retiró sus propias herramientas para reescribir textos con IA y las cambió por un corrector que solo arregla la gramática, sin tocar el estilo del usuario. LinkedIn no prohíbe la inteligencia artificial. Lo que pide es que cada publicación siga reflejando las ideas y la voz de quien la firma.
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Contar cómo lo haces tú, no cómo se hace
Para Hills, tener una marca reconocida no es lo mismo que generar confianza, y la confianza toma tiempo. En marketing se suele citar la regla 7-11-4, que plantea que una persona necesita unas siete horas de contacto positivo, once interacciones y presencia en cuatro canales para confiar en alguien o en una marca. Hills lo vivió en carne propia. Su primer post fue una lista de cinco consejos para profesionales del marketing, correcta pero genérica, algo que cualquier asistente de IA podía escribir. El que despegó fue otro: contó cómo pasó una Navidad solo y lo comparó con su vida actual, mostrando además sus rutinas de trabajo. La clave, según él, está en pasar de explicar “cómo se hace” a mostrar “cómo lo hago yo”.
El error de dejar que la IA hable por ti
La tentación es fácil de entender: abrir ChatGPT, pedir un post para LinkedIn y copiar lo que salga. Pero Hills advierte que todos usan los mismos modelos y las mismas instrucciones, así que todo termina sonando igual. La IA puede resumir, ordenar ideas, proponer una estructura o ahorrar horas de trabajo. Lo que no puede es vivir experiencias por ti. Tampoco puede responder comentarios con criterio ni sostener una conversación auténtica con tu comunidad. Usarla como apoyo tiene sentido; usarla como reemplazo, en cambio, le quita a tu perfil justo lo que lo hace valioso. Al final, la confianza se construye entre personas, no entre algoritmos.

Ser real también se premia
La autenticidad no solo se refleja en lo que publicas, también en quién eres dentro de la plataforma. En LinkedIn se han detectado perfiles falsos con fotos creadas por IA, casi imposibles de distinguir de las reales. Por eso la red impulsa la verificación de identidad. Según la compañía, los perfiles verificados reciben 60 % más visitas y 50 % más interacción en sus publicaciones, y ya ha verificado a 115 millones de miembros y más de 700,000 empresas. Óscar Rodríguez, vicepresidente de gestión de producto de LinkedIn, sostiene que la autenticidad será lo más valioso de internet. Hills lo resume con una imagen sencilla: la IA puede copiar el plato, pero no al chef que lo cocina.





