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Louis Vuitton y Molly Tea: ganó el juicio, perdió reputación

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A veces ganar no alcanza. Eso es lo que está viviendo Louis Vuitton tras su pleito con Molly Tea, una cadena china de bebidas que usó una flor de cuatro pétalos parecida a su famoso monograma. La casa de lujo ganó en tribunales, sí. Pero en el camino se encontró con algo que ningún juez puede resolver: el enojo de millones de consumidores. El caso entre Louis Vuitton y Molly Tea desató llamados a boicot en la región, una caída en ventas y un golpe fuerte para LVMH, el conglomerado de Bernard Arnault.

Según el medio Emprendedor, es una de las peores crisis de la marca en el mercado asiático, y llegó en un momento que ya era complicado para el grupo en Asia.

Todo empezó con una flor

Molly Tea nació en 2021 con una idea sencilla: té de jazmín y bebidas florales. Las flores estaban en todo, desde sus vasos hasta sus empaques y locales. En 2024, la cadena estrenó una nueva imagen para el mercado asiático. Eligió un logotipo negro con una flor geométrica de cuatro pétalos y lo puso en vasos, tiendas y publicidad.

Al equipo legal de Louis Vuitton no le tomó mucho notar el parecido con su monograma histórico, así que buscó frenar el registro. Las autoridades de propiedad intelectual de China le dieron la razón y rechazaron las solicitudes de Molly Tea. Aun así, la cadena siguió usando el diseño.

Louis Vuitton respondió con una demanda formal por infracción de marca registrada, con el argumento de que Molly Tea actuaba de mala fe al usar un símbolo que confundía a los consumidores. El caso terminó en el Tribunal Popular Intermedio de Suzhou, y lo que parecía un trámite legal se volvió un tema de conversación nacional.

Cuando el público tomó partido

En redes sociales, muchos usuarios chinos no entendían cómo una marca francesa podía reclamar derechos sobre una figura que para ellos tenía raíces en su propia historia. Ya no era solo una pelea entre dos empresas. Ahora se hablaba de identidad cultural y de cómo se percibe a las marcas extranjeras en China.

Los internautas empezaron a comparar el monograma de Louis Vuitton con motivos tradicionales de la dinastía Tang. De acuerdo con ThinkChina, un diseño floral pintado en un laúd pipa de hace 1,300 años se volvió el símbolo de esa defensa cultural. La acusación era clara: apropiación cultural, es decir, tomar como propio algo que pertenece a otra cultura. Con el lema “LV intimida a nuestros antepasados para no registrar marcas comerciales”, miles de consumidores se sumaron al boicot.

Lo curioso es que la indignación terminó beneficiando a Molly Tea. La cadena pasó a verse como una especie de mártir frente al imperialismo comercial occidental, y mucha gente fue a sus sucursales a comprar bebidas solo para mostrarle su apoyo.

Louis Vuitton ganó el juicio

En junio de 2026, el tribunal de Suzhou falló a favor de Louis Vuitton. Concluyó que Molly Tea y un establecimiento relacionado habían infringido siete marcas registradas de la firma francesa. Según China IP Law Update, Molly Tea recibió la orden de pagar US$1.5 millones en daños y costos legales. Además, debe dejar de usar el logotipo para siempre en cualquier producto o campaña, y ofrecer una disculpa pública a la casa de modas.

En papel, la victoria era completa: marca protegida y compensación millonaria. El problema es que eso no cambió lo que la gente pensaba. Louis Vuitton podía defender su logotipo ante un juez, pero no podía obligar al público a ponerse de su lado.

La factura llegó para LVMH

El fundador de Molly Tea dijo que apelaría, y la conversación no se apagó. Al contrario, cada vez más consumidores asiáticos se inclinaban por marcas locales e independientes, y en redes se repetía una frase que lo resumía todo: “Molly Tea perdió el caso, pero ganó los corazones”.

Los números tampoco ayudan a LVMH. Según IBTimes UK, el grupo perdió alrededor de US$167,000 millones en valor de mercado durante 2026, en buena parte por la crisis de reputación en China. Sus propios resultados muestran que, en el tercer trimestre, la división de moda y artículos de piel, donde está Louis Vuitton, tuvo una caída orgánica de 5% en ingresos.

En septiembre, LVMH salió de la lista de las 10 empresas más valiosas de Europa por capitalización bursátil, que es el valor total de sus acciones en bolsa. Hubo otro golpe simbólico: de acuerdo con Modaes, dejó de ser la empresa más valiosa de Francia y le cedió ese lugar a L’Oréal, tras caer por debajo de los €201,000 millones. Un recordatorio claro de cuánto depende el grupo de Asia.

Ganar también puede salir caro

Hay un nombre para este tipo de casos: victoria pírrica. Es cuando alguien gana, pero el costo es tan alto que en la práctica se parece mucho a perder. Louis Vuitton defendió su diseño y lo logró. Lo que no calculó fue el daño a la confianza de millones de consumidores que son clave para su negocio.

El caso deja una lección para cualquier marca: defender tus derechos importa, pero también importa cómo lo ve tu público. Un juicio ganado vale poco si a cambio pierdes a uno de tus mercados más grandes. Ya lo dice el refrán: “es mejor un mal acuerdo que un buen pleito”. Y LVMH lo está comprobando.

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