Muchas empresas creen que estar en todas partes es sinónimo de tener buena reputación. Invierten en pauta, multiplican sus publicaciones y celebran cada pico de menciones como si fuera una victoria. Sin embargo, un estudio reciente en Colombia demuestra que esa lógica tiene un límite. El análisis, realizado por la plataforma Buzzmonitor sobre 4.892 publicaciones en redes sociales, encontró que las marcas más mencionadas no siempre son las mejor valoradas por sus propios clientes. Este hallazgo obliga a cambiar la pregunta. Ya no se trata de cuánto se habla de una empresa, sino de qué se dice de ella y por qué. Entender esa diferencia es el primer paso para construir una reputación que realmente se sostenga en el tiempo.
Visibilidad no es lo mismo que reputación
La visibilidad mide cuántas personas hablan de una marca, cuántas veces aparece en redes y qué tan presente está en la conversación digital. La reputación, en cambio, refleja la opinión que la gente tiene de ella: si confía, si la recomienda o si prefiere evitarla. Son dos indicadores distintos y confundirlos es un error frecuente. Una empresa puede ser muy visible precisamente porque genera muchas quejas. En ese caso, el volumen de conversación no habla de su éxito, sino de sus problemas. Por eso, medir solo menciones puede dar una imagen engañosa de cómo está la marca frente a su público.
El estudio de Buzzmonitor, realizado entre el 22 de agosto y el 21 de septiembre de 2026, lo deja claro. En tres de las cuatro categorías analizadas, la marca con más conversación no fue la que recibió más opiniones positivas. En banca, por ejemplo, la billetera digital más mencionada tuvo solo 59 % de comentarios favorables. Otra billetera, con mucho menos ruido en redes, alcanzó 74 %. Es decir, menos personas hablaban de ella, pero quienes lo hacían tenían una mejor opinión. Para cualquier empresa, este contraste es una advertencia útil: crecer en presencia digital sin cuidar la percepción puede ampliar la exposición a la crítica.

La reputación se construye desde la experiencia
Lo que la gente dice de una marca nace, sobre todo, de lo que vive con ella. Cada interacción cuenta: abrir una cuenta, resolver un cobro, hacer una consulta o pedir ayuda cuando algo falla. En el sector financiero, el estudio encontró que las quejas se concentraron en el manejo de cuentas, la atención y los cobros. No se trata de críticas abstractas a la marca, sino de momentos concretos del servicio que no funcionaron como el cliente esperaba. Estos puntos de fricción son los que terminan contándose en redes, muchas veces con detalles y en tono emocional. Y una vez publicados, quedan a la vista de otros clientes actuales y potenciales.
Por eso, ninguna campaña publicitaria compensa una mala experiencia. El estudio lo muestra con un dato revelador sobre los servicios de internet. Allí, el 74 % de lo que publican las empresas, los comercios y los medios tiene un tono positivo. Entre los usuarios, esa cifra baja a 55 %. La distancia entre ambos números refleja una desconexión entre lo que la marca dice de sí misma y lo que el cliente percibe en su día a día. Cuando el discurso va por un lado y la experiencia por otro, la credibilidad se resiente. Y recuperar la confianza perdida suele costar mucho más que haberla cuidado desde el principio.
Lo que hace la empresa también habla por la marca
La reputación no depende solo del producto o del servicio. Las decisiones corporativas también pesan en la percepción del público, aunque a veces las empresas no lo tengan en cuenta. Temas como dónde invierte una compañía, cómo trata a sus empleados o qué rumbo toma su grupo empresarial forman parte de la conversación. El consumidor actual no evalúa únicamente lo que compra. También observa cómo se comporta la organización que está detrás y si sus acciones son coherentes con lo que comunica. Esa mirada más amplia convierte cada decisión de negocio en un posible tema de conversación pública.
El estudio encontró un ejemplo claro en la categoría de gaseosas. Buena parte de la conversación sobre la marca más mencionada no tenía que ver con sus bebidas. Se centraba en asuntos de inversión, empleo y decisiones del grupo empresarial. Esa marca, además, registró el porcentaje más bajo de opiniones positivas de su categoría. El caso confirma que una decisión de negocio mal explicada puede afectar la imagen de un producto que, por sí mismo, funciona bien. Por eso, la comunicación corporativa no debería verse como un área aparte del marketing. Ambas construyen la misma reputación y deben trabajar con el mismo mensaje.

Escuchar antes de hablar
Una reputación sólida empieza por saber qué se dice de la marca. Aquí entra el social listening, que en español puede entenderse como escucha social. Es una práctica que consiste en monitorear lo que se publica en redes sociales, noticias y blogs para entender opiniones, tono y temas recurrentes. A diferencia de contar seguidores o “me gusta”, esta escucha permite detectar qué molesta a los clientes, qué valoran y qué preguntas se repiten. Con esa información, una empresa puede anticiparse a los problemas en lugar de reaccionar cuando ya son visibles para todos. También puede descubrir oportunidades de mejora que no aparecen en sus reportes internos.
Escuchar también implica entender que cada canal cumple una función distinta. Según el estudio, Facebook concentra buena parte de las conversaciones entre consumidores y de las preguntas directas sobre productos. Solo en banca se identificaron 155 consultas reales de clientes. Instagram, en cambio, funciona más como una vitrina comercial, donde las marcas muestran su oferta. La prensa, por su parte, se enfoca en temas de negocios, inversión y regulación. Saber dónde pregunta, dónde compara y dónde se queja el cliente permite responder en el lugar correcto y con el tono adecuado. Una misma estrategia para todos los canales difícilmente dará buenos resultados.

Qué hacer cuando la conversación se vuelve negativa
No toda crítica es una crisis, y tratarla como tal puede empeorar las cosas. El estudio aporta un dato útil para ponerlo en perspectiva. De las 791 personas que hablaron de bancos durante el periodo analizado, solo 52 publicaron más de una vez. Esto sugiere que muchas quejas no vienen de usuarios que critican de forma constante, sino de episodios puntuales. El riesgo está en que esos episodios pueden amplificarse si otros usuarios los comparten o si la marca responde mal. Por eso, la reacción de la empresa en las primeras horas suele definir si un comentario aislado se queda ahí o se convierte en algo mayor.
Ante un comentario negativo, el primer paso es medir su alcance antes de reaccionar. No es lo mismo una queja individual que un reclamo que se repite en cientos de publicaciones. Luego conviene responder rápido y en el mismo canal, con un tono humano, cercano y sin respuestas automáticas que suenen a plantilla. Si el problema es real, lo más importante es resolver la causa, no solo apagar el comentario o moverlo a un mensaje privado. Y si el caso escala, la transparencia suele proteger más que el silencio. Reconocer un error a tiempo y explicar qué se hará para corregirlo genera más confianza que intentar ocultarlo.

Claves para una reputación que resista
Para Breno Soutto, Head of Insights de Buzzmonitor, el punto de partida es entender que “la visibilidad no es preferencia”. En su opinión, las redes sociales permiten detectar fricciones y comprender qué genera insatisfacción en los clientes. El verdadero reto, explica, está en convertir esa escucha en decisiones concretas sobre procesos, atención y comunicación. Es decir, que lo que se aprende en redes no se quede en un informe, sino que llegue a las áreas que pueden cambiar la experiencia. Solo así la conversación digital deja de ser un riesgo y se convierte en una herramienta de mejora.
Una reputación sólida se construye antes de que llegue una crisis, no durante ella. Se basa en cumplir lo que se promete, mantener una escucha constante y actuar sobre lo que el cliente señala. También requiere coherencia entre lo que la empresa comunica y lo que realmente hace. El propio estudio aclara que sus datos no son una encuesta representativa de los consumidores colombianos, sino una lectura de la conversación pública en redes, noticias y blogs. Aun así, deja una lección clara para cualquier marca: la reputación no se mide por cuánto se habla de ella, sino por cómo se habla y por lo que hace para merecerlo.





