La tan necesaria implementación del Big Data en Latinoamérica ha empezado y enfrenta múltiples retos.

Cada vez que una persona sale a correr y registra su actividad en una app, cuando hace compra desde su teléfono móvil o comparte un video gracioso en redes sociales, está contribuyendo con información al Big Data.

Es 2017 y el Big Data está por todos lados, haciéndose día con día más multidimensional. El enorme crecimiento y alcance del Big Data está, en gran medida, determinado por la adopción del Internet of Things (IoT) o Internet de las cosas, nuevas opciones de almacenamiento relativamente baratos y nuevos y mejores métodos de captura de datos.

La comunidad de expertos en tecnología de negocios de Wikibon, clasificó el mercado mundial de Big Data en 18.300 millones de dólares en 2014, pronosticando que crecerá a una tasa anual del 14,4%, para alcanzar los 92,2 mil millones de dólares en 2026.

El Big Data tiene la capacidad de proveer información más que valiosa para las marcas, de tal forma que aumenten exponencialmente las oportunidades de satisfacción de sus clientes.

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Pero a la vez, la mayoría de las organizaciones aún se encuentran en una lucha constante para acceder al potencial del Big Data.

“Hay desafíos en la gobernabilidad, infraestructura, escala y habilidades que crean una brecha bien real”- Gartner Nick Heudecker, analista y coautor de Survey Analysis: Big Data Investments Begin Tapering en 2016.

Uno de los retos más grandes para las empresas es no sentirse capaces de adoptar los cambios requeridos para la implementación del Big Data. De igual forma están aquellas que ya se encuentran recolectando información, pero carecen de la capacidad de análisis para interpretar y actuar en consecuencia.

Todo esto sucede a nivel mundial, y el caso de Latinoamérica no es tan distinto. En especial si se toma en cuenta que la región afronta aún más retos debido a condiciones específicas como la desigualdad económica, el analfabetismo digital y la brecha digital para los sectores más empobrecidos.

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El Big Data en Latinoamérica y el desarrollo sostenible

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL, recientemente ha demostrado un interés real por impulsar el Big Data para el desarrollo sostenible de la región.

“América Latina y el Caribe registra muchos avances en la Internet del consumo, pero no así en la Internet de la producción” -Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

En este contexto, la primera semana de marzo de 2017 se presentó en Chile el proyecto “Big Data: Grandes datos para la economía digital en América Latina y el Caribe”. Se trata de una iniciativa de la CEPAL, financiada por la Cuenta para el Desarrollo de las Naciones Unidas.

El interés del proyecto se centra en mejorar las capacidades para la medición de la economía digital y el diseño de políticas basadas en una combinación entre el Big Data y las estadísticas tradicionales.

¿Cuál es el interés de la CEPAL, entonces? Sencillo, se reconoce la importancia y el profundo impacto en la economía que puede traer la implementación y correcto uso del Big Data para la región, rezagada en este aspecto en específico y en la economía digital en general. La mirada está puesta en el desarrollo sostenible.

 

El mercado del Big Data en Latinoamérica

Ya para septiembre del año pasado, la firma de investigación de mercado Gartner, Frost & Sullivan informaba de un crecimiento cercano al 40% en adquisición de soluciones e implementación de herramientas para análisis de Big Data para los próximos 4 años.

En este contexto el liderazgo lo ha tomado el sector financiero y de aseguradoras. Poco a poco otros sectores se han ido sumando y empiezan a convertirse en actores de interés. Tal es el caso del marketing, las telecomunicaciones, las ventas al por menor y la producción de bienes de consumo.

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Esto podría ser un reflejo del reconocimiento de las oportunidades económicas que a mediano y largo plazo ofrece el análisis de datos. Poco a poco, las empresas comprendidas dentro de esos sectores han integrado nuevas figuras dentro de sus organigramas, como el Chief Data Officer o el Chief Analytics Officer, como parte de sus estrategias de transformación digital. 

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Pero los esfuerzos aún son incipientes, hace falta madurar el proceso antes de poder identificar realmente un impacto en la economía regional.

De acuerdo con Alejandro Becerra, director de contenido del Chief Data & Analytics Officer, Central America, los principales retos para las empresas en este capo son 3:

  • La implementación de proyectos de modernización tecnológica en sus etapas iniciales
  • La consolidación de programas de desarrollo profesional privados y públicos
  • La divergencia entre las necesidades locales y las soluciones disponibles en el mercado.

 

El lado oscuro del Big Data en Latinoamérica

El Big Data en Latinoamérica trae conversaciones sobre desarrollo sostenible, economía regional y su crecimiento a través del tratamiento masivo y automatizado de datos por medio de algoritmos.

También se habla de productividad en los negocios, oportunidades de mejorar la administración del sector público para los gobiernos locales, ayudar al crecimiento de las pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, múltiples sectores de derechos humanos han expresado su preocupación ante la posibilidad del uso abusivo de datos, para vigilancia y hasta discriminación que podría acarrear su uso indiscriminado.

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El 22 de febrero en la ciudad de Guatemala se presentó la Carta de Derechos de Internet para Guatemala. Se trata de un esfuerzo, en el que por medio del ejercicio democrático participativo, se reunieron distintos sectores de la sociedad civil para discutir los derechos de los ciudadanos frente a las nuevas tecnologías.

Entre los aspectos que el documento destaca se encuentran el derecho al anonimato y el derecho a no ser objeto de vigilancia, en los artículos 5 y 6 respectivamente. Una preocupación real para la población de este país con antecedentes de represión, discriminación y vigilancia de la población. 

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La ONG Derechos Digitales, apunta que este análisis masivo y automatizado de datos se caracteriza por los siguientes 4 elementos:

  1. Volumen: datos a gran escala
  2. Velocidad: en tiempo real
  3. Variedad: múltiples bases de datos que se entrecruzan
  4. Veracidad: intenta dar fiabilidad a datos intrínsecamente imprecisos

Este proceso, a partir del conocimiento de características generales sobre grupos específicos, permite dilucidar información sobre personas individuales. Aquí se incluye información sensible no revelada por los propios individuos.

Con tan solo analizar el patrón de los “me gusta” del perfil de Facebook de una persona, es posible que los algoritmos identifiquen el género, inclinación sexual, raza, edad y hasta afiliación política.

Aquí nos enfrentamos a un dilema ético, en el que es posible vulnerar la privacidad de las personas. Sobre todo cuando nos enfrentamos a la realidad del historial de gobiernos aficionados a espiar y vigilar a sus ciudadanos en la región. Asimismo, las altas tasas de propensión hacia la discriminación.

Ya hay empresas que están empezando a basar sus procesos de selección de personal en parámetros ajenos a los méritos profesionales.

Así, la ONG Derechos Digitales advierte que no se trata de tachar una tecnología como mala. Reconocen que el Big Data puede y debe generar grandes beneficios sociales y económicos, pero paralelamente se deben tomar las medidas tendientes para proteger los derechos fundamentales de las personas ante las consecuencias de su mala utilización.

A la región le queda entonces robustecer su legislación para la protección de datos personales y analizar los principios sobre los que estas legislaciones se han basado con anterioridad.